Del bullying a Miss Universo: La historia de la mujer llena de LUNARES que busca superarse

Los lunares pueden cubrir vastas extensiones del cuerpo, tal como la cara, los brazos, la espalda, y las piernas de la joven

“Monstruo” y “Galleta con chispitas de chocolate”. Así le decían a la malasia Evita Patsey Delmundo, de 20 años, por la extraña característica que presenta en todo el cuerpo: lunares y verrugas.

Por esto sufrió bullying durante su infancia. Según consignó el medio DailyMail, recordó cuando, estando en la escuela, “una maestra pidió a dos chicas que me acompañaran en el descanso, y ellas preguntaron por qué tenían que tratarme como una princesa”

Evita nació con grandes lunares que cubren su cara y su cuerpo. Además, tiene una gran mancha oscura en su cuello, que baja por la espalda.

Pensó en realizarse una cirugía para extraer los lunares, pero los doctores le advirtieron que la intervención pondría en extremo riesgo su salud, por lo que desistió.

Entre los especialistas no hay consenso sobre su padecimiento, aunque es probable que se trate de “nevus melanocítico congénito”, una afección que, se cree, es de carácter genético.

Esta se manifiesta mediante lunares que pueden cubrir vastas extensiones del cuerpo, tal como la cara, los brazos, la espalda, y las piernas de Evita, por lo que debe realizarse exámenes periódicos para diagnosticar prematuramente un eventual cáncer a la piel.

La joven decidió postularse al concurso de Miss Universo en Malasia.

“Mi sueño es hacer que todas las niñas aprendan a amarse a sí mismas”, dijo. “Aprendí a amarme y a comunicarme con otros”.

El 17 de junio pasado fue a la primera audición del concurso internacional, y está a la espera de conocer los resultados para ir a la segunda parte.

Aunque no lo logre, la autoestima de Evita no sufrirá consecuencias y perseverará en otros concursos. “Cruzo los dedos. Si no lo consigo, siempre hay otras plataformas”, dijo.

En su red social Instagram, sube fotos peródicamente para que sus seguidores conozcan cómo va su vida. Allí se le ve feliz, aunque comentó que en realidad la sonrisa fue un trabajo de años.

“Aprendí a aceptar mis marcas de nacimiento y a gustar de mí. Poco a poco gané la confianza para lucirme”, sentenció.

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